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RESCATE EN LA PLAYA

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Durante unas vacaciones familiares de verano en Florida, Erika Orlando y su hermano estaban sentados en la arena hablando de Dios. De pronto una mujer gritó: ¡No veo a Rob! Su esposo  corrió  hacia  el mar y empezó a buscar entre las olas. Erika se acercó a la madre y le preguntó cómo era el niño. -Es rubio, tiene el cabello rizado, y lleva puesta una camisa anaranjada -respondió la mujer-. Muchos  bañistas se acercaron al sitio, pero por un impulso muy fuerte Erika caminó en la dirección opuesta, hacia unas personas que estaban sentadas en la playa. Les preguntó si habían visto al niño, pero ellos le contestaron que no. Erika empezó a pedirle a Dios con todo su corazón, y de pronto, con sus ojos cerrados, vio la imagen de un hoyo en la arena. Examinó la playa, y entonces vio un declive a pocos metros de donde estaba la madre del niño. Erika se arrodilló y empezó a cavar con las manos en la arena reseca y dura. A unos 30 centímetros de profundidad tocó algo muy s...

EL LEÓN MATA CON LA MIRADA

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Cuenta una historia que un joven iba caminando por uno de los senderos vírgenes de México, cuando, de pronto, se encontró  un anciano que estaba terminando de limpiar la piel de un león, que acababa de matar. El joven se sentó un rato al lado del cazador, y este sin más empezó a hablar diciendo:"El león mata a sus presas, no porque sea más grande o fuerte, el león  mata con la mirada. El joven no entendió  así que el hombre le explicó: "Cuando el león ve una presa, primero la sorprende, pero luego la mira fijamente. Al hacerlo, el animal, lo mira igualmente, pero pierde  por completo el sentido de quién es y se mira a sí mismo como el león lo mira.   El miedo ciega al pobre animalito, y empieza a creerse pequeño y débil, o sea  que empieza a verse como lo mira el león. El temor lo entumece  y se rinde, se abandona, y el león lo caza. Así mata el león, mata mirando. Pero hay un animalito que no cae en esa trampa, que no le hace caso al león cuando lo...

SER FELIZ ES TU RESPONSABILIDAD

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Alberto conducía de regreso a casa, después de ir a recoger a su hija en la Universidad.-Papá, tengo una pregunta que hacerte-. -Me siento muy triste, porque cuando creo que encuentro el amor, éste se va. Y mi corazón está dolido. Se cierran mis heridas y las vuelven a abrir ¿Se puede ser feliz sin amor? A veces creo que el amor no existe. -Te voy a hacer una pregunta Lisa… ¿Conoces a alguien que no tenga pareja y sea feliz?  -Si, mi tía Carla nunca se casó, pero es muy feliz, ayudando a otras personas en obras de caridad. Tiene mucha energía y entusiasmo por la vida. -Lisa… ¿Conoces a alguien que tenga pareja y sea infeliz? -¡Muchos! Creo que la mayoría de mis tíos casados no son felices. -Pero tú y mi mamá se aman y sé que ustedes si son felices. -Interesante observación Lisa-.- Cuando conocí a tu madre, ella ya era feliz. De hecho, me atrajo mucho el brillo de su mirada y su sonrisa tan encantadora. Su felicidad fue la que me atrapó. Aparte de su belleza –sonrió Alberto. Quie...

LA HISTORIA DE ÁNGEL SANGUINO

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i Perder un brazo no es razón para quedarse sin él. Al menos eso es lo que piensa Ángel Sanguino, un joven venezolano técnico en electrónica, que decidió fabricarse uno mecánico, adaptado a sus actividades laborales y a sus necesidades, tras perder uno de ellos, a los 33 años, en un accidente. Aunque le recomendaron acostumbrarse a su discapacidad, ya son dos los brazos electrónicos que se ha hecho, y no para. Entre los nuevos proyectos que tiene está fabricar otro, esta vez robótico, y mejorar miembros  para personas con discapacidad con el fin de ayudar a los que, como él, deben sustituir alguno. Este joven caraqueño perdió el brazo hace poco más de un año, justo una semana antes de enterarse que iba a ser padre por primera vez. Eso le llevó a dejar de un lado el luto por la pérdida del miembro y a activarse en la búsqueda de una solución para seguir trabajando y atender al primogénito por nacer. “Me puse a diseñar un brazo cuando todavía estaba en terapia intensiva”, contó ...

UN TRABAJO EXTRAORDINARIO

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Doña Rosa era una ascensorista de un viejo edificio de Juzgados, el cual permanecía congestionado. Las personas entraban y se atiborraban en el viejo ascensor que ella manejaba. Cuando se abría la puerta, la multitud que salía empujaba a la que quería entrar, situación que se repetía en casi todos los pisos. A pesar de todo eso, doña Rosa cuidaba su ascensor como si fuera el más fino y valioso. Cada mañana, ella pulía las partes metálicas y las aseaba lo mejor posible. A pesar de esto, andaba siempre sonriente y entusiasta, saludaba y se despedía al abrir y cerrar las puertas, sorprendía a las personas al recordar sus nombres, bromeaba para que la gente sonriera y respondía con amabilidad a todas las preguntas que le formulaban. Aparte de eso vendía papel oficial, sellos de correo y en sus pocos ratos libres tejía ropa para bebés. Un día alguien le preguntó cómo podía permanecer tan contenta en esa clase de trabajo incómodo, rutinario y con tan poco sueldo. A lo que ella contestó:...

POR QUE A MI

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“Dos peregrinos se dirigían a una ciudad a la que tenían que llegar a la caída de la tarde. Cada uno de ellos portaba una cruz tan pesada, que andaban a los tumbos hasta casi caerse por el gran peso. Uno de ellos tomó la cruz, y la serruchó por la mitad. Se consoló con la idea de que de todos modos, aún era una cruz. El otro la serruchó a lo largo, de modo que su espesor quedó reducido a la mitad. Este pensó: “No importa, Total, la forma es la misma.” Al final llegaron a su destino, pero no pudieron entrar en la ciudad. Un profundo canal bloqueaba el paso, y no había ningún puente, ni ningún tipo de embarcación. Nuestras cruces nos ayudarán, pensaron. Las usaremos como puente. De modo que el primero tendió su cruz sobre el agua, pero era  demasiado corta. La cruz del otro apoyaba perfectamente sobre las dos riberas, pero cuando trataron de pisarla empezó a crujir y a rajarse. Era demasiado delgada para soportarlos. Así que ahí estaban, lamentándose de haber aligerado sus cruces...

EL HOMBRE QUE TENÍA MUCHO

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Esta es la historia de una humilde familia que vivía en una casa muy pequeña. Una noche se sentaron juntos para cenar y alguien tocó la puerta. El padre se acercó a abrir. Ahí estaba un ancianito con ropa desgarrada, pantalones rotos y sin botones. Cargaba una canasta llena de verduras. Le preguntó a la familia si querían comprarle algunas. Ellos aceptaron porque querían que se fuera rápido. Con el paso del tiempo, la familia y el ancianito se hicieron amigos. El hombre le traía verduras cada semana a la familia. Pronto se enteraron de que estaba casi ciego porque tenía cataratas en los ojos. Pero era tan amigable que aprendieron a esperar ansiosamente sus visitas y a disfrutar de su compañía. Un día, mientras entregaba las verduras, dijo: - ¡Ayer tuve la más grande bendición! Encontré una canasta de ropa afuera de mi casa que alguien me dejó. La familia, sabiendo que él necesitaba ropa, dijo: -¡Qué maravilloso! El ancianito, dijo: - La parte más maravillosa es que encontré una fami...