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Un accidente iluminó su vida

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Hace veinte años, Mary Ann Franco sufrió un terrible accidente automovilístico. Los doctores lucharon por salvarle la vida durante horas, en la mesa de operaciones. Mary se salvó, pero quedó totalmente ciega. Trato de continuar su vida, y aprendió a adaptarse a su nueva condición. Tuvo sus hijos y, hoy en día,  están todos casados y con una hermosa familia cada uno. Hace poco, cuando estaba limpiando en su casa en Okeechobee, se cayó y se lesionó la columna vertebral. Fue llevada de emergencia al Hospital Martin Memorial, en Stuart, Florida, y de inmediato fue sometida a cirugía. Después de varias horas, los médicos lograron restaurarla por completo. Mary recuerda que despertó con mucho dolor y pidió a la enfermera que le suministrara algún analgésico. De pronto se dio cuenta de que podía ver. Le dijo a la enfermera, y ésta quedó atónita. Enseguida llamaron a los médicos, quienes trataron de explicar científicamente, qué había logrado que ella recuperara la v...

Los milagros ocurren a diario

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Después de terminar mi carrera de periodismo, encontré un trabajo como editor en una revista referente al crecimiento personal. A pesar de mi fe en Dios, yo era un escéptico. A menudo me llegaban historias sobre sucesos asombrosos y milagros. Estas historias de "maravillas" y "milagros" no podían ser reales, al menos no para mí, por lo que comencé a pensar que estaba en el lugar equivocado. Pero, por increíble que parezca, leyendo, más y más, todos estos relatos reales, comencé a entender que existía un mundo lleno de un poder, que estaba fuera de toda comprensión humana. Empecé a aprender a distinguir, en sucesos ordinarios,  el amor, la protección, el consuelo, la paz y la sanidad provenientes de Dios. Al graduarme, mi difunto abuelo, me regaló un billete de $ 50, y me dijo: “Inviértelos en la chica con la que te vayas a casar”. Para aquel entonces esta suma de dinero era significativa. Así que lo que hice fue guardar muy bien el billete, en una parte especial ...

El sueño que me dió esperanza

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Tenía 34 años y sentía que mi vida no iba a ninguna parte. La salud de mi madre estaba fallando. Mi trabajo como secretaria no estaba funcionando. Y estaba a punto de divorciarme. Hablé con Dios, pero no pude obtener una respuesta clara. Por primera vez en mi vida, las dudas me abrumaron. Busqué la ayuda de un consejero, pero sólo empeoró las cosas.  Me preguntaba si la única manera de acabar con el dolor que me embargaba era terminando conmigo misma. Aquella noche, sola en mi dormitorio, hice una última súplica: "Dios, ayúdame". Al quedarme dormida comencé a soñar que flotaba en una piscina de aguas muy claras. Yo siempre había sentido miedo del agua, ni siquiera sabía nadar. Esta piscina, sin embargo, era diferente. De alguna forma sabía que no corría peligro de ahogarme. Flotando allí, cerré los ojos y me dí cuenta de que no sentía tensión en mi cuerpo. No tenía miedo. Yo era finalmente feliz. Completamente en paz. La luz del sol me despertó. Me senté en la cama y por p...

El mágico poder de la sonrisa

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Hace unos años, coincidiendo con unas rebajas en unos grandes almacenes, a una amiga muy cercana, Paula, le pasaron unas cuantas cosas divertidas. Ella estaba sumamente interesada en comprar vestidos. Así que se dirigió hacia la sección donde estaban y comenzó a buscar, revolviendo todos los que estaban allí. Por supuesto, el almacén estaba repleto de gente comprando ropa. Entonces dirigiéndose a la empleada le preguntó: ¿Podría decirme si tienen este mismo modelo en rojo?”, y la chica le respondió: “Lo que ve aquí es lo que hay. ¡Y no revuelva más!”. Ante tal actitud, y semejante respuesta, mi amiga dejó el traje allí, muy molesta, y sintiéndose maltratada, se prometió a sí misma no volver a comprar en esos almacenes. Unos días después, y estando más calmada, Paula pasó por mi casa y comenzamos a hablar sobre lo que le había pasado. Le pregunté cómo le había ido en la otra tienda, donde había decidido ir después del mal rato que pasó, y me dijo: “Pili, estoy encantada con esa nueva...

De ti depende ser feliz

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Unos obreros estaban picando piedras frente a un enorme edificio en construcción. Se acercó un visitante a uno de los obreros y le preguntó qué estaban haciendo todos ellos allí. El primer obrero  lo miró  con  dureza  y le respondió: “¿Acaso usted está ciego? ¿Es que no ve lo que estamos haciendo? Todos aquí, estamos picando piedras como esclavos, por un sueldo miserable y sin el menor reconocimiento. Por ejemplo, fíjese en el cartel colocado al frente de la construcción. Allí ponen los nombres de Ingenieros, Arquitectos, y de quienes colaboraron monetariamente para hacer esto posible. Pero nuestros nombres no están allí, a pesar de que somos los que trabajamos duro, y quienes estamos dándole forma a la obra. Sin nuestro esfuerzo de todos los días, sin descanso, no habrá nada. Nuestro trabajo es el más duro, más sin embargo no es apreciado y reconocido debidamente”. El visitante se acercó entonces a otro obrero y le preguntó lo mismo, y éste respondió: “Aquí es...

Una cinta verde en navidad

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Mi padre, de origen irlandés, ya no estaba con nosotros. Él era el abuelo favorito de mis hijos, y era maravilloso con ellos. Esta iba a ser la primera Navidad sin su presencia. Yo les expliqué a mis niños, que su abuelo no desearía que estuviéramos tristes durante las fiestas. Mi padre era un hombre muy alegre, y le encantaba convertir casi todo lo que pasaba en una razón para celebrar y preparar una fiesta. Entonces le dije a mi hija mayor, Catie, que quizás sería hermoso hacer algo para honrar su memoria. Todos nos pusimos a pensar. De repente Catie dijo: “Podríamos envolver cada regalo con una cinta verde, ya que la bandera de Irlanda tiene ese color, y mi abuelo repetía con frecuencia, cuán dichoso se sentía de ser irlandés”. A todos nos pareció una buena idea, así que salimos y compramos varios rollos de cinta verde, y se las pusimos a todos los regalos que estaban debajo del árbol. Se veía hermoso, era como si el abuelo estuviera allí con nosotros, celebrando. El día de Navid...

Consolada por un osito de peluche

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Yo estaba sentada, en mi lugar favorito, la mecedora del porche delantero, disfrutando de un delicioso jugo y de la paz de aquel lugar. Fue entonces cuando vi un camión aproximarse a la casa mi vecino, justo al lado de la mía. Brad y su joven familia se mudaban a otra ciudad. Él me saludó, y yo caminé hacia ellos para felicitarlos y desearles lo mejor. Lo abracé a él ya su esposa. De pronto sentí que alguien estaba detrás de mí. Era Britney, la pequeña hija de Brad. Ella se acercó a mí con sus bracitos extendidos, pues quería un abrazo también. En sus ojitos noté que estaba triste, y su madre me dijo que estaba asustada por la mudanza. Me incliné y abracé a Britney, diciéndole que estaba segura que le gustaría su nuevo hogar. Me despedí de ellos, y cuando caminaba hacia mi casa, sentí que una voz me decía que le diera a Britney un oso de peluche. De inmediato pensé en el closet donde guardaba algunos peluches y juguetes, pero dudé de que a la pequeña le pudiera gustar un juguete que...