Un joven desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Lo que le quedaba apenas le alcanzaba para una comida. Decidió entonces comprar comida y esperar así la hora de morir, ya que no deseaba pedir limosna. Compró comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos pequeños niños se le acercaron y le pidieron que les diera, ya que no habían comido en casi una semana. El los miró. Estaban tan flacos que se les notaban los huesos. Sus ojos se les habían hundido. Con el último pedazo de compasión que le quedaba, les dio su comida. En recompensa, el anciano y los niños pidieron a Dios que lo bendijera, que lo prosperara; y le dieron una moneda muy antigua. El joven les dijo “ustedes necesitan esa oración más que yo”. Sin dinero, sin empleo y sin comida, el joven fue a descansar debajo de un puente y a esperar así la hora de su muerte. Estaba a punto de quedarse dormido, cuando vi...