Ana María se sentía triste y desolada. Su esposo había muerto unas semanas atrás. Por primera vez tendría que pasar sola la fiesta de Navidad. Se montó en un autobús, y allí recorrió cuadras y cuadras. Casi estaba dormitando de tanta tristeza, cuando oyó al chofer que le decía: “Señora hasta aquí llegamos”. Se bajó del bus y vio una iglesita, entonces entró, se sentó y comenzó a hablar con Dios. De pronto escuchó unos pasos; eran dos niños con la ropita raída, que habían entrado para ver el pesebre. Ella les hizo señas para que se le acercaran, y les preguntó donde iban a celebrar la Navidad. Ellos le dijeron que en ninguna parte, porque su mamá estaba en casa muy enferma y no podía trabajar. Además eran muy pobres. Al mirarlos detenidamente, algo se movió en su corazón. Llevó a los niños a comer y les compró ropa. También compró suficiente comida y fueron directo a la casita de ellos. Encontraron a la pobre mujer en una estera, en el suelo. Sufría de dolor en las piernas. Cua...